sábado, 6 de febrero de 2010

Leyendas religiosas


La leyenda en Asturias, fundamentalmente, tenemos dicho en otros estudios, reviste carateres religiosos.
Fué allá por los siglos XII y XIII cuando, en un intento de engrandecimiento y expansión, se recopilaron las leyendas más estables, se exaltaron los milagros de la Virgen y se copia en los monasterios los mariales que van a ser difundidos por toda la cristiandad. Mientras los monjes consignan en latín las leyendas piadosas y los peregrinos las depositan en los relicarios de nuestra tradición, tímidamente, los poetas, en lengua romance, comienzan a cantar bellos aconteceres que entiende y goza el vulgo y el letrado.
Nada puede extrañarnos. Como dejó escrito Vicente García de Diego, "la religión católica ha proporcionado los más bellos y emocionantes casos a las tradiciones legendarias; el amor y la piedad infinita de su divino fundador para con los hombres se traduce en prodigios repetidos de su inagotable claridad; no sólo los justos,sino los malos, caídos en la abyección, reciben portentosos favores, que el pueblo divulga, como lección ejemplar que hasta los pecadores podemos esperar favor de su divina misericordia".
En esos dos citados siglos la difusión de las leyendas marianas alcanzó proporciones extraordinarias. Las gracias, los milagros de la Virgen, unos de extensión regional y otros extendidos y divulgados por la fama y los escritos llegan a ser el tema predilecto de la curiosidad popular y de la piedad cristiana.
Aún hay otro aspecto marialque da origen a otra serie de leyendas. Nos referimos a la ternura maternal de la Virgen, que prodiga sus finezas a los fieles y es, ante el rigor de la justicia, la intercesora, la defensora de la fragilidad de sus hijos y que es fuente inagotable de ejemplos maravillosos para la devoción popular. Y es que la devoción a la Virgen, hemos oido multitud de veces, es la sublimación de todas las finezas de la poesía del amor maternal y de toda la ternura del amor filial humano.
De la devoción mariana de nuestro pueblo se ha dicho que es como una "sinfonía que llena de ecos y de melodías todas las concavidades del quebrado suelo astur; no hay en Asturias ni risco ni hondonada, ni parroquia ni aldea sin un templo o un altar o, por lo menos, una imagen de María".
Lógicamente, el pueblo asturiano no solo ha recibido, conmovido, sus favores, sino que ha querido también pregonarlos y exornar sus relatos de prodigios con la más bella poesía de su devoción y de su fantasía.
Y al lado de la Virgen, la vida de los santos impresiona también la imaginación popular dando ocasión a incontables relatos para la admiración y el agradecimiento.
Otro de los tema favoritos de las leyendas piadosas es el del diablo, el ángel caido, que tienta a los justos para inducirles al mal; el alma popular lo supone interviendo, no solo como inductor al pecado, sino como el genio maléfico que se complace en los daños del hombre. Abundan las narraciones sobre el hombre que, para lograr su más anhelada aspiración, ofrece su alma al demonio y le firma un compomiso formal, del que generalmente le exime la intervención del Cielo.
Son, en fin, las leyendas religiosas de Asturias viejas flores e la fe cristiana que, por siglos y siglos, supusieron el pasto espiritual de nuestros mayores.

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